El Reino de Tarturia. Los Salvaprincesas. (Libro I)

Había una vez un rey llamado Rey Tarturic que reinaba en el Reino de Tarturia. Un día de invierno se despertó más tarde de lo habitual ya que había estado hasta tarde hablando con sus consejeros sobre problemas que arruinaban el reino.

rey tarturic

Aquel día iba a ser un día diferente aunque el Rey Tarturic aún no lo sabía. No tardaría mucho en enterarse.

-Buenos días Señor, ¿Cómo se encuentra? – preguntó el sirviente.

-Buenos días – Contestó el rey. – Estoy algo cansado pero bien. Tengo mucho trabajo así que traedme el desayuno y mi medicación a la sala de reuniones.

-Le gustará saber, Mi Señor, que ha ocurrido algo esta noche. – dijo el sirviente algo nervioso.

-¿Qué ha pasado? ¿Os habéis quedado sin fruta?

-No, mi señor. La princesa ha desaparecido. No sabemos cómo ha ocurrido pero esta mañana no ha amanecido en su cuarto. – informó el sirviente con voz temblorosa.

princesa tarturia

-¡¿Qué?! – El rey reaccionó con sorpresa y preocupación. – Seguro que ha sido ese dragón mal nacido. ¡Como le haga daño a mi pequeña va a desear no haber nacido! – dijo mientras caminaba dando tumbos en dirección a su despacho.

El rey mandó a sus más valerosos caballeros en busca de su pequeña y querida hija. Estaba seguro de que el dragón que vivía bajo el Tarturón se la había llevado, no era la primera vez que tenían problemas con él.

Esa misma mañana, Argos, Facu y Mumu iniciaron el camino hacia el Tarturón con aires decididos y con ganas de darle una lección a ese dragón robaprincesas. El rey confiaba en ellos.

A media mañana ya se encontraban delante de la gran entrada del Tarturón. La puerta estaba cerrada con un gran candado y sin apenas pensar qué hacer, Facu lo golpeó con su espada. El candado se desquebrajó y la puerta se abrió lentamente haciendo un ruido inquietante. Tras cruzarla se encontraron con algo que parecía una hormiga gigante comiéndose una largartija también más grande de lo habitual.

-¿Qué comen aquí los bichos, lentejas? – dijo en tono gracioso Argos.

-Si no nos damos prisa igual a quien se comen es a nosotros – contestó Mumu.

Y sin apenas pensárselo, Facu levantó su espada y se lanzó sobre ella. Pensaba que iba a tener la misma suerte que había tenido rompiendo el candado, pero no fue así. No vio la piedra que había cerca de su pie e hizo que cayera al suelo sorprendido. La hormiga fue muy rápida y aprovechó el desliz de Facu para abalanzarse sobre él y pegarle un buen mordisco.

-Madre mía, Facu… piensa antes de atacar. – dijo Argos antes de ir en su ayuda lanzándole una flecha mágica a la hormiga. Mumu aprovechó que la hormiga estaba distraída con Argos para ayudar a Facu y lanzarle un hechizo de curación.

Facu, una vez recuperado, giró su mirada cruzándose con la de la hormiga. Verla le dio tanta rabia que se levantó tan rápido como antes había levantado su espada para atacar y de un golpetazo en la cabeza la dejó tarumba. Al caer al suelo, la hormiga soltó una bolsa empapada de baba.

-¡Eso te enseñará a no meterte con Facu! – gritó Facu en la cara de la hormiga. Mumu y Argos se miraron con cara de otra vez igual. Al parecer Facu no sabía controlarse y actuaba tal cual le pedía su cuerpo. Quizá por eso había sido un elegido del rey para ir en busca de la princesa.

bolsa oro

Mumu rebuscó en la bolsa que había descubierto el cuerpo de la hormiga y encontró 100 monedas de oro y una llave. Compartió el triunfo con sus compañeros y siguieron hacia delante. Al final del pasillo encontraron una gigante puerta de madera y girando a la izquierda vieron un pasillo que conectaba con unas escaleras y una puerta al final. Decidieron probar suerte con la puerta de madera pero estaba cerrada con llave y la que habían encontrado en la bolsa del repugnante insecto no coincidía, así que no les quedó otro remedio que seguir por el pasillo de la izquierda.

Casi al final del camino escucharon unos extraños ruidos. Eran golpes muy fuertes pero no asustaron al trío salvaprincesas. Argos, con valentía, intentó abrir la puerta del final de las escalera. Metió la llave en la cerradura, giró el pomo a la vez que la llave y la puerta se abrió. El sonido no venía de esa habitación, sino que todavía era lejano aunque cada vez se escuchaba más fuerte. Lo que sí encontraron en esa sala fue una mochila muy lujosa. Tras escudriñar dentro encontraron una navaja, pero un segundo después de que Facu tocara el cuchillo, una femenina voz empezó a gritar desde algún lugar cercano.

-¡Eso es mío! ¡Dejad la mochila!

-¿Hola? – preguntó Argos, – ¿eres la princesa?

-Sí, soy yo. ¿Y vosotros quiénes sois?

-Nos manda vuestro padre, princesa, – se apresuró a decir Mumu. – Nos ha contado que os habían secuestrado y que era muy posible que se encontrara aquí. Al parecer habéis tenido más problemas con el dragón del Tarturón y no tenía muchas dudas sobre su ubicación.

-Así es. Mi padre ha estado muchos años cazando seres del bosque, cosa que no aprobaba el dragón. No es mal bicho, de verdad. – dijo entristecida mientras agachaba la cabeza. – Mi padre no quiso escucharme y ahora…Yo he venido en son de paz. – una pausa – Hace unos años…

seres de luz

-Habrá tiempo para historias luego – dijo de repente Facu – ¿cómo le sacamos de aquí? – preguntó.

-Sí, cierto. – contestó la princesa secando sus tímidas lágrimas. – Hay que conseguir la llave de la mazmorra para poder salir, no hay otra manera. – explicó la princesa. – He venido a traerle una bolsa con 100 monedas de oro al dragón para que no atacase a mi pueblo, pero me atraparon y me quitaron el dinero.

-¿Para que no atacasen a tu pueblo? – preguntó Mumu.

-Sí. El dragón tiene un ejército que está preparando para destrozar mi pueblo. Quiere venganza y está a punto de soltarlo. – Se levantó del banco donde estaba sentada y dijo alzando la voz: – Soy la última esperanza de mi pueblo, ¡no les puedo fallar!

-No se preocupe princesa – le calmó Argos – encontraremos la llave para sacarla de aquí y que pueda cumplir su cometido.

-Gracias – dijo la chica complementando sus palabras con una gran sonrisa.

Con la esperanza de encontrar algo, los tres aventureros buscaron y rebuscaron por todas las estancias que habían visto hasta entonces. Justo al lado de la celda de la princesa había una chimenea en la que se apreciaban unas marcas en la pared de su interior. Los tres jóvenes pensaron lo mismo: seguro que aquí hay un pasillo secreto. No importó decir una sola palabra, pues sus miradas ya se comunicaron entre sí.

-Bien, tenemos un problema – afirmó Mumu.

-Un ardiente problema, sí. – contestó Facu. – Paso de entrar por ahí con ese fuego encendido, estropearía mis ropajes y me ha bastado con las babas de aquella maldita hormiga.

-Siempre igual, Facu. – reprochó Argos poniendo los ojos en blanco. – A mí tampoco me hace mucha ilusión pasar por ahí. Está claro que hay que apagar el fuego primero.

-Mejor que sigamos. Puede que encontremos algo más adelante que nos sirva. – propuso Mumu.

Sin decir nada más, los tres se pusieron a caminar. Siguieron por el pasillo que había frente a la celda de la princesa donde parecía que habían al menos dos habitaciones. Facu paró frente la primera puerta y dio tres firmes golpes con sus nudillos.

-¿Contraseña? – preguntó una voz tras la puerta. Los tres se miraron extrañados sin saber qué decir.

-¿4? – dijo de repente Facu.

-Incorrecto. – añadió la voz. Acto seguido se escucharon sus pisadas cómo iban alejándose dentro de la habitación.

-¿4? – preguntó Mumu.

-Yo qué sé. Es mi número favorito.

-No cambiarás nunca, Facu. – dijo Argos dándole una palmadita en la espalda.

Al ver que no podían entrar en la primera habitación decidieron probar suerte en la segunda antes de meterse en problemas antes de tiempo. Así que igual que habían hecho minutos antes, se plantaron ante la segunda puerta y golpearon suavemente. Para la sorpresa de los tres valerosos rescataprincesas, la puerta se abrió sola. La escena que se encontraron desagradó a Argos. Encontraron dos bichos gigantes aplastados y justo al lado, agazapado, un ser abominable que estaba a punto de comérselos.

gigante

-Madre mía, ¡qué asco! – no pudo evitar exclamar Argos. El gigante al escuchar ruido se giró con cara de pocos amigos.

-¿No os dan de comer por aquí que os coméis entre vosotros? – preguntó Facu a la vez que se abalanzaba sobre el gigante con espada en mano.

Tras la acción de Facu poco podían pensar ya, no les quedaba otra que acabar con el gigante antes de que éste acabara con ellos. Lucharon audazmente los tres, pero las náuseas que sentía Argos hizo que se despistara un segundo y no se diera cuenta de que el monstruo iba a arrojarse sobre él.

-¡Cuidado! – gritó Mumu intentando advertir a Argos. El aviso llegó tarde ya que cuando se quiso dar cuenta, estaba en el suelo con el pie del gigante a punto de aplastar su cabeza.

Los reflejos de Argos hicieron que se cubriera la cara con sus antebrazos para intentar minimizar las consecuencias del pisotón. Un pisotón que no llegaba. Asombrado, apartó sus brazos poco a poco para intentar averiguar por qué aquel engendro no había llevado a cabo su amenaza.

-Pero… – balbuceó al ver al gigante tirado en el suelo, inconsciente.

-Vaya tela, Mumu… ya podrías haber dejado algo para los demás. – se quejó Facu.

En el otro lado de la sala estaba Mumu con su espada desenfundada. Al parecer, al ver la situación en la que estaba Argos no dudó un segundo en pegar un salto casi volador y golpearle en la cabeza. Era una acción arriesgada pero estaban en un buen apuro y se vio obligada a actuar.

-Argos, es que tú…casi… – intentaba hablar Mumu dándose cuenta de lo que acababa de pasar. – No puedes darnos estos sustos nunca más. ¡Espabila porque te necesitamos!

-Lo siento Mumu, prometo centrarme más.

-Venga, venga, dejadlo ya. – Interrumpió Facu. – Pareces un blandengue Argui, no son más que dos bichos, seguro que en peores situaciones te habrás encontrado.

-Déjame en paz, Facu.

Con el ambiente un poco nervioso se pusieron a buscar algo en aquella sala que pudiese ayudarles a apagar el fuego de la chimenea. De entre los bichos muertos no encontraron nada y en un rincón de la sala encontraron una nota que decía así:

 Aunque tengo cuatro patas

yo nunca puedo correr.

Tengo la comida encima

y no la puedo comer.

Giraron el papel y leyeron otra frase escrita: Por si quieres saber la contraseña de la puerta.

 -¡La contraseña de aquella sala! ¡Es ésta! – dijo alegre Mumu.

-Hay que pensar, no sé si estamos para pensar. ¿Derrumbamos la puerta y ya? – opinó Facu.

-Espera – dijo Argos pensativo – Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr. Tengo la comida encima y no la puedo comer. – Repetía la adivinanza mientras daba vueltas por la sala. – ¿Dónde ponemos la comida?

-Se come en la mesa – Respondió Mumu.

-¡Claro! La respuesta es La mesa. – anunció Argos.

Antes de que pudieran darse cuenta, Facu ya estaba golpeando de nuevo la primera puerta del pasillo y fue la misma voz la que les preguntó de nuevo:

-¿Contraseña?

-La mesa. – contestó convincente Facu.

-Adelante. – dijo el ser que estaba tras la puerta mientras la abría. Facu miró de reojo a sus compañeros y éstos se acercaron rápidamente con cara de sorprendidos.

Una vez dentro de la sala, el ser les ofreció ayuda y los jóvenes aun sin confiar demasiado aceptaron de buen grado su favor. Facu y Mumu se quedaron hablando con él y Argos se puso a registrar por toda la sala en busca de algo que les pudiera servir. Lo primero que hizo fue registrar unos cuerpos de unos bichos irreconocibles que le recordaron a los de la anterior habitación y le hicieron vomitar. Por suerte nadie se había dado cuenta así que hizo como si no hubiese pasado nada.

-¿Puedo ayudaros en algo? – preguntó el vigilante.

-Buscamos la llave de la puerta donde el dragón tiene apresada a la princesa. ¿Sabes algo? – preguntó Facu.

llave

-La llave de la mazmorra la tiene el dragón en su guarida. Os recomiendo que no vayáis allí por nada del mundo, el dragón es muy poderoso y peligroso.

-¿Dónde está su guarida? – preguntó Mumu incrédula. Era un poco extraño aquello que estaba ocurriendo. ¿Desde cuándo un camarada del malote jefe daba información acerca de él?

-La guarida la tiene bajo la capilla negra. Tened cuidado si vais, está algo molesto con los humanos por vuestras cazas, no os aseguro que os reciba de buen grado.

Mientras aquellos tres hablaban, Argos encontró una llave en las entrañas de los cuerpos y un jarrón lleno de agua.

-¡Aquí! Chicos, ¡aquí! – decía mientras se acercaba a ellos con un jarrón lleno de agua.

-¿Está lleno de agua? – preguntó Mumu.

-¡Sí! – contestó contento Argos.

-¡Bingo! – celebró Facu. – Ale, amigo. Gracias por la info, eres buen tío. – Se despidió del guardián de la sala mientras éste le miraba con cara de no entender nada.

Ya con el jarrón en su poder, los tres rescataprincesas se dirigieron a la chimenea a apagar el fuego. Una vez desaparecidas las llamas, cayeron unos ladrillos de la pared del fondo dejando al descubierto un agujero no demasiado grande.

-Esperaba un hueco algo más grande. – comentó Facu. – Por ahí no quepo.

-Espera un segundo – interrumpió Mumu mientras metía la mano por el orificio. – Estoy tocando algo. – Introdujo un poco más el brazo y sacó una caja.

-¿Una caja? – preguntó Argos. – Estaba seguro  de que esta chimenea sería el túnel hacia algún lugar secreto.

-Si, ¿eh?. Vaya chasco. – bromeó Facu.

Mumu abrió la caja y sacó dos pociones de curación y un mapa.

-¡Un mapa! ¿De dónde debe ser este mapa? – dijo mientras se guardaba el botín en su bolsa. – Cuando acabemos con esto, le echaremos un buen vistazo. Si estaba escondido será por algo.

-Qué bien que encontremos estas pociones. Son muy preciadas y difíciles de encontrar. Bendita magia – dijo Argos. – No me imagino mi vida sin ella. – Hizo una pausa antes de continuar. – Vayamos a ver si esta llave abre alguna puerta de por ahí. – dijo señalando el pasillo.

Dicho y hecho. Fueron a la tercera puerta del pasillo y Argos sacó la llave que había conseguido momentos antes, la metió en la cerradura y la puerta se abrió. Los tres se miraron esperanzados. Entraron y vieron una sala pequeña y oscura, con un espejo en cada lado del cuarto. En frente otra puerta donde se podía leer Cuidado con lo que hay dentro.

Los amigos examinaron los espejos pero eran espejos normales, podían girarse pero por el resto eran de lo más normal. El mensaje en la puerta no les gustaba pero no les quedaba otro remedio que entrar. Argos abrió la puerta y segundos después pegaron un salto hacia atrás, sobresaltados. Un pulpo furioso apareció de la oscuridad de la sala atacándoles. Intercambiaron varios ataques pero en seguida se dieron cuenta de que algo no iba bien. Parecía como si todos los ataques que le infligían no le hicieran daño en realidad. Mumu tensó su arco y preparó el ataque más fuerte que tenía. Impactó en el ojo con gran fuerza, pero el pulpo ni se inmutó. Los tres aventureros se miraron extrañados.

pulpo

-Aquí hay gato encerrado. – comentó Mumu. – He hecho mi lanzamiento estrella y ni se ha inmutado.

-Puede que haya truco – contestó Facu con dificultades, pues debía prestar mucha atención en esquivar los ataques del octópodo.

Tras unos minutos batallando sin sentido, Mumu tuvo una idea.

-¡Argos! – gritó llamando su atención – Quizá los espejos tengan algo que ver, vayamos a echar un vistazo. – Argos le confirmó con la mirada aunque no estaba seguro de que fuera a funcionar. – ¡Facu! Intenta entretenerlo, Argos y yo vamos a intentar una cosa.

-Siempre tengo que sacaros las castañas del fuego, ¡manda narices! – contestó Facu mientras daba una voltereta bajo los tentáculos del pulpo.

Argos y Mumu se dirigieron a la habitación oscura donde estaban los espejos y los comenzaron a mover intentando encontrar alguna cosa que les diera una idea.

-¿Y si…? – empezó a hablar Argos mientras movía el espejo dirigiéndolo a la habitación contigua.

-Puede que funcione – añadió Mumu al creer haber interpretado la intención de su compañero. – Ella giró también el espejo y los dos cristales reflejaron al cefalópodo al mismo tiempo, pero no pasó nada. Fue entonces cuando Argos asomó la cabeza para ver qué tal lo llevaba Facu y el pulpo se dio cuenta de su presencia. Casi sin darle tiempo a volverse a esconder, el pulpo lanzó un ataque extremadamente potente. Argos, con mucha suerte, consiguió volver tras el espejo sin resultar herido. De repente, un estallido semejante al de un petardo llamó la atención de la pareja.

-Madre mía, ¿qué le habéis hecho? – escucharon gritar a Facu de repente.

Fue entonces cuando Argos y Mumu salieron poco a poco de detrás del espejo y vieron el cuerpo sin vida del pulpo. Parecía más pequeño, como si le hubiesen exprimido hasta la última gota de líquido.

-Debió rebotarle su propio ataque cuando quiso arremeter contra mí. – explicó Argos. – Me defendí con el espejo y como tú no lo moviste – puntualizó dirigiéndose a Mumu – los dos espejos reflejaron juntos su ataque, seguro que por eso ninguna de nuestras armas podía hacerle daño, porque sólo él mismo podía hacerse daño. – hizo una pausa mirando al horizonte. – Interesante… – y se puso a pensar.

-Tanto pensar te saldrá humo por la cabeza – bromeó Facu. Mumu se rió, pero paró en seco al ver la mirada que le estaba haciendo Argos.

-Bien, dejémonos de bromas que tenemos trabajo que hacer. – ordenó Mumu.

Con el cefalópodo fuera de combate pudieron ponerse a rebuscar con tranquilidad. Descubrieron un cofre que pudieron abrir sin problemas donde encontraron una llave grande y una brújula.

-Esta llave es de la puerta del inicio, la grandota. – observó Facu

-Sí, yo también creo que es de allí, mira qué tamaño tiene. – añadió Argos.

-Pues venga, vamos. – finalizó Mumu.

Los tres recorrieron el mismo pasillo por donde habían venido, pasaron por delante de la celda de la princesa hasta llegar a la gran puerta de madera. Tal y como habían dicho, la llave entró perfectamente en la cerradura y pudieron abrir la pesada puerta. Su tamaño era tan grande que al abrirla dejó entrar la suficiente luz como para poder ver toda la sala y los que la habitaban. Había varios bicharracos y al fondo, la entrada a la capilla desde donde surgía una voz muy grave.

dragon

-¡Vosotros me habéis robado! – decía la voz -¿¡Cómo osáis!? – Los salvaprincesas se miraron confundidos. Mientras tanto, la voz seguía hablando. – Sois una especie de lo más egoísta, escoria, dejad de creer que sois los más importantes del planeta.

-Nosotros no hemos venido a robaros… – dijo en voz baja Mumu dirigiéndose a uno de los súbditos del dragón.

-Matasteis a todos los seres del bosque que encontrasteis y robasteis un oro que era mío. ¡Malnacidos! El ser humano es la peor raza que existe, mejor si se extinguiera. – gritaba el dragón en tono amenazante.

-Prometo que no sabemos de qué nos hablas. Nosotros hemos venido a buscar a la princesa. – dijo Argos mientras el trío caminaba muy lentamente en dirección a la entrada de la capilla. – Si dejases que se explicara… La encerrasteis sin escucharle siquiera.

-Arggggggg – se escuchó más cerca esta vez. Al gruñido se le añadieron unos golpes que acabaron siendo sus pasos. El dragón estaba saliendo de la capilla. – ¡Tú! – dijo dirigiéndose a uno de los bichos que había en la sala. – Trae a la princesa, veremos qué tiene que decir.

No tardaron en traer a la princesa, que intercambió su mirada con la de los valerosos aventureros. Todavía con las cadenas la colocaron de rodillas ante el dragón.

-¡Habla! – dijo el dragón sin más.

-Perdona a mi padre. – empezó la princesa. – Es un ser con el corazón congelado. Cuando era pequeño lo pasó muy mal y ahora no es dueño de sus acciones. La piedra que tiene como corazón no le deja actuar bien.

-¿Por qué me robasteis?

-Porque los humanos cuanto más tenemos más queremos, pero puedo asegurarte que no todos somos así. Yo tengo esperanza en nuestra raza. – explicaba tranquila la princesa.

-No viviremos mucho tiempo si os encargáis de matar a todos los seres del bosque. Sois tan necios que no veis lo importante que son para todos los que habitamos en el planeta. – dijo levantando cada vez más la voz.

-Justo por eso vine, su majestad. Le traía el oro que mi padre le robó para pedirle disculpas pero unos bandidos de su propio castillo me asaltaron, me robaron y me apresaron. Yo sólo busco la paz. Yo sí soy consciente de la importancia de los seres del bosque. He hablado con mi padre y me ha dicho que en breve me nombrará reina. Muy a mi pesar la enfermedad que lleva años destrozándole se ha apoderado de él y el médico no cree que le pueda quedar mucho tiempo de vida. Yo voy a ser su heredera. Yo reinaré en Tarturia.

-Qué más da quién reine, el problema lo tenéis los humanos. Todos sois iguales. – comentó furioso el dragón.

-Deme una oportunidad, Mi Magestad. – pidió la princesa. – Quiero que mi pueblo viva en armonía con el resto de razas que habitan en el planeta. Podemos enriquecernos mutuamente. – el dragón empezó a mirarle con otros ojos. – ¿Qué puedo hacer para que confíe en mi? – preguntó.

-No puedes hacer nada, niña. Es la experiencia la que habla por mí.

-Por favor, – le ruega la chica. – Quiero tener la oportunidad que mi padre no supo aprovechar. Guarda tu ejército para cuando deje de cumplir mi palabra, pero hasta entonces intentemos vivir todos juntos en cordialidad.

-Está bien. – dijo al fin el dragón tras hacer una larga pausa. – No soltaré mi ejército por ahora. Si en algún momento fallas a tu palabra y vuelves a robarme o a matar a un solo ser del bosque, los liberaré  para que acaben con el problema de raíz. Es vuestra última oportunidad.

-No le fallaré. Lo prometo. – acabó diciendo la princesa levantando las manos a la espera de que le quitaran los grilletes.

Y así fue cómo la reina de Tarturia salió del Tarturón acompañada por sus tres rescatadores: Argos, Mumu y Facu.

Tal y como ella había dicho, la nombraron reina unos días después de su encuentro con el dragón. Aquél señalado día, habló ante todo el pueblo sobre los seres del bosque y la importancia de cuidarlos. Prohibió terminantemente su caza e hizo saber a todos el trato que tenía con el dragón. Nadie la contradijo.

Desde aquel día, la ya reina de Tarturia y su pueblo vivieron felices y en armonía con todas las razas que habitaban en aquellas tierras.

planeta

FIN

PD: Feliz día del Orgullo Friki 🎉