Llevo días pensándolo… ¡Maldito Coronavirus!

¿Quién no lo ha pensado alguna vez en estos últimos días? MALDITO CORONAVIRUS. Maldito día en que nos visitaste para quedarte tanto tiempo y hacer tanto daño.

Cuando vi por la televisión que había un nuevo virus que había aparecido en Wuhan y que a todos les parecía tan lejano, pude ver lo que nos esperaba. Por aquí la gente no se lo tomaba muy en serio y lo veían “cosa de los chinos”, pero yo ya empecé a tener miedo aún cuando no había pisado suelo español. Hice vida normal, claro. No me encerré ni me paseé por las calles con una pancarta como el que avisaba del desastre del Titanic, pero el miedo ya iba rondando por mi mente cada vez que veía las noticias.

Hoy tenemos en España más de 100.000 contagiados y miles de muertos. Estado de Alarma, fronteras cerradas, confinamiento… Una liada. Mi generación y la que me sigue hemos vivido siempre muy cómodos. No hemos vivido guerras, no hemos vivido hambre. Hemos pasado una crisis, sí. Mucha gente ha perdido su trabajo y se ha quedado sin casa, sin dinero y ha acabado en la ruina. Pero por suerte, no ha sido mi caso y he sido una de esas personas que ha vivido una “dificultad económica” pero sin mucha más importancia. Ahora nos estamos comiendo una guerra. Sí, una guerra, que ha llegado casi de un día para otro. No ha avisado y ha empezado a contagiarnos a una velocidad tal que no hemos sido capaces de “hacernos a la idea”.

Imagen representativa de un virus

Ahora no podemos salir, no podemos seguir con nuestras vidas llenas de actividades, llenas de ajetreo, de estrés y de trabajo. Ahora tenemos que quedarnos en casa y pasar las horas…¿cómo? Parece que si no corremos todo el día no sabemos vivir. Cada día los niños hacen mil extraescolares: Fútbol, Inglés, Padel y si queda un hueco libre los apuntamos a Baloncesto. Que no tengan tiempo libre ni para pensar qué quieren ser de mayores. La comida de la abuela queda en el olvido porque ahora las neveras se llenan de comidas precocinadas, la cocina ya no huele a pan recién horneado y hasta las ensaladas se compran ya preparadas. Vivimos sin tiempo para nada, abriéndonos paso por el camino del estrés.

El CORONAVIRUS ha parado en seco nuestra rutina, ya no hay fútbol, ni padel, ni colegio ni nada de nada. Ahora solo hay TIEMPO PARA GASTAR EN CASA. ¡Qué fastidio!, con lo que me gusta ir estresada todo el día (nótese mi ironía.) El maldito coronavirus sí que es un fastidio, mucho más para las familias que lo sufren de cerca. Pero ya que no podemos hacer nada más que quedarnos en casa, usemos ese tiempo para reflexionar, para disfrutar de aquello que no teníamos y siempre queríamos tener, tiempo libre. Es verdad que la intranquilidad y el miedo a lo que vaya a pasar puede nublarnos un poco el juicio pero no debemos dejar que eso nos afecte y aprovechar cada minuto que tengamos para hablar con la familia, cocinar cosas ricas, leer, bailar, hacer el tonto con los nuestros, aprender cosas nuevas y conocernos un poco más a nosotros mismos. No debemos olvidarnos de nosotros mismos. Llegará un día en que todo volverá a la normalidad y volveremos a correr para cumplir horarios, para ir a trabajar, aprovechemos el tiempo que dura el MALDITO CORONAVIRUS.

Esto va a ser un antes y un después. Tengo la esperanza de que aprendamos a cuidar el planeta, a cuidarnos en cuerpo y alma, a cuidar de familia y amigos, a seguir siendo solidarios como hemos demostrado que sabemos ser, a preocuparnos por los demás y así mejorar como humanidad. Tenemos que entender que no somos nadie y que la naturaleza y lo que le rodea puede echarnos del planeta cuando se le antoje. Aprendamos a vivir en armonía.

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